Hay Vida con VIH

¡vea! Hay vida con VIH

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¡Culpa fue lo que sentí cuando me vi condenado a morir de vergüenza y remordimiento, por haber juzgado ser bello morir de placer!

Me culpa. Ma Faute. ¡Mi Máxima culpa! ¡Un Remorso Inominable, Una Vergüenza sin fin!

Me entregué después de miradas cruzadas, intercambiar caricias y donar besos. Me entregué al punto de sentir la explosión y el éxtasis. Me rendí hasta que el placer del placer se desvaneció a la relajación de los músculos y el resto del espíritu. Una experiencia emocionante y deliciosa, ¿no? ¡Si!
Pero nunca pensé que ese placer pudiera ser la sentencia, el castigo por un simple descuido personal. En realidad, un descubrimiento realizado mediante un simple examen médico. Este examen indoloro no se realiza por dolor físico o enfermedad manifiesta, sino por curiosidad por conocer mi estado clínico de salud. El Juez frente a mí sentado de blanco (médico) leyó y me miró a los ojos dando el veredicto:

- ”Usted es de este resultado de prueba ... seropositivo, reactivo !!! AIDÉ.TICO ”

CULPABLE!

SEIS MESES DE VIDA

El mundo se detuvo, el sonido desapareció, el piso se abrió y el impacto en mí fue tan doloroso, anulando todo el placer que me había traído “aquí, en el momento del diagnóstico y que a la vez adormecía el dolor, y de otro forma respondida como anestésico, la anulación del placer, la fuente!

¡Surrealista esta sensación!

Una sensación indescriptible, la redundancia sin explicación.

¡La celda! ¡Un coma físico y metafísico! ¡El remordimiento de la certeza, el engaño a la presunción!

dolor solitario.

La caminata por un tiempo sin reportar, sin desahogar, sin confiar esta horrible noticia recibida fue solitaria. Las películas pasan en pensamientos de los momentos generales de mi vida en unos segundos, porque el Juez volvió a sentenciarme a cadena perpetua.

La solitaria hasta yo me sentenciei alejarse de la gente, amigos, familiares, espejos.

Sí espejos, porque yo había tomado un disgusto propio, donde sentía que mi alma estaba eternamente contaminada. Pasaron días y meses, hasta que me enfrenté al peor enemigo. ¡Yo mismo! El enemigo íntimo que te hace tener los sentimientos más dolorosos y prejuiciosos hacia ti mismo. Puse en mi mente y en mi corazón que iba a ser un prisionero feliz, donde permitiría que el amor propio regresara a mi SER, de donde lo había expulsado.

Sabiendo que la culpa de todo lo que pasó, que era sólo yo, el villano me enfureció.

Sabiendo que me dejé ennegrecer, contaminar un templo llamado el cuerpo que Dios me dio perfecto ... y lo profané de cierta manera.

¿Por qué me culpé por todo?

Culpa

¿Por qué no culpar al socio? Una respuesta obvia y sencilla, pero difícil de ver al principio. Nunca me violaron, nunca me obligaron a tener sexo, nunca me impusieron ni me ordenaron que mi sexo fuera sin condón, nunca me apuntaron con un arma a la cabeza diciendo que sería sin un período.

Me permití, autoricé, me fui ... ¡QUERÍA!

Aprender a aceptar su fracaso y no quieren imputar a la pareja, es la llave que abre su detención, la celda en la que me había bloqueado mí.

La solitaria!

 

La vida es simple de vivir, es saludable continuar y es caritativa con quienes se respetan y se cuidan a sí mismos después de la liberación, después de la liberación y la autoaceptación. Valorarte a ti mismo, valorar tu propia vida, la vida exterior y la vida de todos los que te rodean, se convierte en una liberación perpetua donde puedes perdonarte a ti mismo. Vivir simple e intenso es lo que necesitaba para ser feliz conmigo mismo y estar listo para enfrentar la realidad.

La realidad es: puedo ser feliz, saludable y tener una relación totalmente normal con mi pareja. Si es VIH positivo o no. Somos normales, somos capaces y somos seres humanos como cualquier otro. ¡Ni más ni menos que otro!

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Habla con Cláudio Souza